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Julio se jubila, y con él cierra uno de los lugares más característicos de la historia comercial de Belmez de los siglos XIX, XX y XXI. La Ferretería "LOS REYES", la casa de Julio, la de los "Solano". Se acabó. Una tienda que ha vivido en el pueblo durante el trascurso de tres siglos. Que se dice pronto. ¿Existirá alguna en España? En el mismo sitio, la misma esquina, con la misma actividad, durante 137 años consecutivos con el paréntesis de dos años en la guerra civil. Y se acabó. Más tiempo que los carteles de la calle que ha sido su casa; Pedroche, Carlos Rodríguez y Pedroche de nuevo.
Abría el establecemiento Don Hilario Jesús Solano Sáez en el año de 1877. Padre de 11 hijos, el Sr. Solano, además de ferretero fue, ha sido, uno de los personajes más conocidos en la historia de nuestro pueblo. Corresponsal del Diario Córdoba, su legado fotográfico, y sus crónicas nos han enseñado el Belmez de finales del XIX y principios del XX.
Con el negocio siguió unos de sus hijos, Hilario Solano Navarro y a él, en primer lugar su yerno Aurelio del Rey Cantón junto a su esposa Carmen Solano.
En 1977 tomaba el mando Julio del Rey Solano y con él hasta su jubilación a finales del pasado 2010.
Tuve la ocasión de pasar muchos ratos dentro de la tienda en mi niñez. Mis primeros años los pasé en la Calle Nava, cerquita de la esquina y al lado de la casa de Los Reyes. Su interminable almacén era una aventura, una provocación a escribir todos los años una supercarta de Reyes Magos con trenes, fuertes de indios y vaqueros o una bicicleta.
¿Quién no ha entrado alguna vez a la ferretería de Julio, a la casa de Marilú? ¿Quién no tiene en su casa algún tornillo de allí?
El sábado justo antes de cerrar estuve allí. Con Julio, Marilú y Marilú, para fotografiar digital y metalmente por última vez unas de las estampas más típcas de Belmez, que podría perfectamente ser una parecida a esta:
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Me decía Marilú que cierran con mucha pena, pero con la gratitud a todo el pueblo de haber respondido en las últimas semanas; y es que en pocos días han conseguido vender casi todo los que les quedaba. "
Hemos trabajado mucho, sobre todo en los inicios, pero el pueblo nos ha respondido siempre. Hemos intentado prestar un buen servicio al pueblo, a todos nuestros clientes, y nos han respondido siempre", me comentaba Julio.
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El escrupoloso y característico orden de Julio, sus etiquetas para marcar precios con una letra inconfundible que debería ser patentada, siempre a mano, todo a mano. "
No he utilizado jamás un ordenador en este negocio", me comentaba mientras me enseñaba una de sus archivadoras artesanales. Ni falta que le ha hecho.
Se acabó, y con él una forma de entender el comercio en Belmez. Con el cierre de sus puertas se cierra un trozo de nuestra historia, las calles Pedroche, Nava y Pilar han perdido su hijo mayor.