Reproduzco en este post el artículo que José Antonio Torquemada ha publicado en la última edición del SEMANARIO COMARCAL, del que tengo el gusto de ser habitual colaborador, "Guadiato Información". A opinar señoras y señores...
Parece ser que en Belmez se han empeñado en cambiar el nombre de la calle Covadonga por el de Blas Infante. Llevan tiempo tras ello, y la última justificación se hace en la encuesta municipal que recientemente se ha repartido por las casas, en la que se pregunta sobre la conveniencia de cambiar los nombres de las calles con nombres de batallas por otras de insignes andaluces. Se ponen como ejemplo las calles Bailén, Covadonga y Calatrava, que se pretenden cambiar por "nombres de paz" como Blas Infante, Federico García Lorca o Pablo Ruiz Picasso. Cabe contestar a ello que sólo la primera de ellas tiene "nombre de guerra", pues viene referida, efectivamente, a la Batalla de Bailén, la primera que perdió el ejército de Napoleón en toda Europa. Pero este nombre se le puso a la calle en un contexto local concreto, a finales del siglo XIX, cuando la francesa Sociedad Minero-Metalúrgica de Peñarroya alcanzó un poder económico y político muy por encima del propio Ayuntamiento de Belmez y lideraba el movimiento secesionista de Pueblonuevo del Terrible, de tal manera que para los belmezanos era esta la única forma de "tocarle las narices" a los franceses, recordándoles aquella humillante derrota. En cuanto a la Covadonga, su nombre viene de una solicitud que hicieron un grupo de ingenieros asturianos al Ayuntamiento para que se le pusiera el nombre de su patrona al entonces paseo de la estación. Nada que ver, por tanto, con batalla alguna. Y sobre la calle Calatrava, hasta ahora desconocía la existencia de una batalla con ese nombre, aunque parece ser que existió, pero con un contenido más mitológico que real. El nombre, en cualquier caso, le viene a la calle por la Orden de Calatrava, de la que tantos años dependieron los pueblos de esta comarca. Claro que, puestos a buscar fantasmas, se pueden ver más nombres de guerra en las calles de Belmez, y así, aunque nada tengan que ver con ello, habría que cambiar el nombre a la calle Pedroche, por ser este el nombre de una de las últimas y más sangrientas batallas de la Guerra Civil, en 1939; y a la calle Nava, que recuerda a la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, cuando las tropas cristianas le zurraron de lo lindo a los árabes. Por supuesto, también habría que cambiar las calles con nombres de militares, caudillos o emperadores. El verdadero nombre de la calle Nueva es del de General García Moreno, y la Negrillos debe su nombre a la familia belmezana Blasco Negrillos, en la destacaron varios militares. Deberán ser cambiados ipso-facto sus nombres, al igual que las Viriato y Trajano. Y puesto que estamos en un Estado aconfesional, deberían ser rebautizadas todas aquellas con normes de santos, vírgenes o afines: Pilar, Iglesia, Santo, Calvario, San Antonio, Santa Isabel, Humilladero, Cruz de la Carrera, etc. Por otra parte, para no ser acusados de machistas, puesto que no tenemos ninguna calle con nombre de mujer, que desparezcan todas aquellas con nombre masculino: Vicente Sánchez, José Echegaray, José Alcántara, Velásquez, etc. Y sigamos siendo políticamente correctos. Para no molestar a los republicanos, que desaparezcan las calles Real, Príncipe y Rey Ramiro. Para no ofender a los antitaurinos, fuera la calle Coso. Por referirse a algún tipo de ataduras e ir contra la libertad que pregona nuestra Constitución, habrá que cambiar también las calles Aduana, Vínculo, y Cadenas. Por aludir a un rápido e inmoral enriquecimiento, que se esfume la calle Tesoro. Y puesto que no existe la calle Doña Rama, tendrá que desaparecer la calle Hoyo, evitando así incómodos agravios entre vecinos. Nos quedarán pues sólo unas pocas, pero eso sí, impecablemente correctas por su contenido político (Avenida de la Constitución), ecológico (calles Río y Parque), institucional (calle Córdoba) o neutro (Pozonuevo, Castillo, etc.) y alguna otra quedaría perfecta con un pequeño cambio: La "Plaza del Maestro" pasaría a llamarse "Plaza del Maestro y de la Maestra". Y así, todo limpio como una patena, llegará entonces el momento de buscar nuevos nombres, para lo que podría elaborarse una "lista cremallera", con nombres masculinos y femeninos alternativamente, lo cual sería correcto, pero podría originar tensiones en cuanto a los nombres a elegir. Aunque tal vez lo más equitativo sea numerar las calles, como en Nueva York, siempre y cuando las asociaciones de vecinos se pongan de acuerdo en cuanto al orden a seguir, procurando que en todos los barrios haya el mismo número de calles pares e impares. En fin, que no será nada fácil buscar nuevos nombres. Ya se hizo en tiempos de Primo de Rivera, en la República y después, durante la Guerra Civil, épocas en las que se cambió el nombre a casi todas las calles del pueblo, según el gobierno de turno, hasta que alguien, sin duda más cuerdo que todos los anteriores, promulgó el 13 de abril de 1938 una Orden del Ministerio de Interior en la que se establecía que todas las calles volvieran a tener los nombres que tradicionalmente llevaron. Y así, salvo excepciones, hasta hoy. Hagamos que el pueblo crezca y a las nuevas calles se les podrán nuevos nombres. Por lo pronto, cabe recordar que las calles del Polígono no tienen nombre y que tampoco lo tiene la calle de nueva creación en la fachada principal de la Residencia de Estudiantes, que cuando conecte con el Polígono será la más larga del pueblo ¿No podría ser éste el primer tramo de la futura Avenida de Blas Infante?